¡Buenos días!
Tras un café y una avena con melocotón, cogieron rumbo al Este a Kastos. La parada para comer era en Atokos.
Este día empezó a levantarse el viento mucho más que los días anteriores. Cómo no, aprovecharon para sacar las velas una vez más. Ya se notaban con más confianza y todo salía mucho más fácil porque cada uno sabía lo que tenía que hacer y en qué momento hacerlo.
Dejando la famosa Ithaka detrás, estaban intrigados por lo que les esperaba. Habían escuchado que Kastos y Kalamos eran muy bonitas y al ser pequeñas serían muy auténticas. Viento en popa a toda vela, tras una navegación de unas dos horas llegaron a la playa de Atokos. Estaba llena de barcos y hacía mucho viento. La isla tenía una playa en medio y justo en la bahía no había montaña detrás que cortara el viento. Intentaron encontrar su hueco y tras varios intentos de echar y subir el ancla, viendo que el barco estaba muy pegado a los otros y viendo que no podían predecir bien los soplidos de viento repentinos, decidieron marcharse hacia su destino final, Kastos. Fue una parada de "descanso" y no les importó mucho irse y continuar su rumbo.
De comer hicieron por el camino unos huevos revueltos acompañados de tomates cherry (fueron revueltos porque no pudieron ser de otra forma, el vaivén del barco no dejó que fueran de otra forma).
Por fin, llegaron a Kastos donde el viento se notaba menos ya que la propia isla lo frenaba. Llegaron al puerto donde había un muelle chiquitito y no había espacio para ellos. Finalmente decidieron quedarse justo a las afueras del puerto en una pequeña bahía. Echaron el ancla y apagaron el motor, contemplando dónde iban a pasar la noche y observando el movimiento del barco para que no chocara con el resto y para que no se fuera hacia las rocas si el viento decidiera cambiar de dirección. Al fin, se relajaron y se dieron un baño. Padel Sup al agua era siempre el primer paso indicativo de que ya estaban asentados y tranquilos.
Después de un baño muy agradable, llamaron a la Taverna del puerto (tenía muy buenas valoraciones en Tripadvisor) para reservar una mesa a las 20:30. Se ducharon, y se pusieron guapos, metieron los ordenadores con sus respectivos cargadores en la mochila para poder cargarlos en la Taverna y se subieron al dinghy. Esta zodia era mini Mr. Bojangles. Una mini embarcación que les iba a dar muchas historias que contar.
Confiados en que mini Mr. B fuera igual de fiable que big Mr. B (nótese la ironía), se metieron en la zodiac con todo preparado (incluida la bolsa de basura) y el motor al encenderlo vieron que no tenía potencia. Por más marcha que le daban, no avanzaba. Iban en contra del viento y sin avanzar. Enseguida también se dieron cuenta que habían olvidado los remos en el barco. Total, tenían el viento en contra, el motor apagado e iban sin remos. Donde el viento les llevara (gone with the wind). Por extrañas casualidades de la vida, los del catamarán de atrás suyo eran españoles y pudieron echarles una mano. Enseguida les vieron que estaban a la deriva y les tiraron su remo. ¡Menos mal que estaban fuera y pudieron ver el suceso! Cogieron el gran remo de los españoles y con mucha fuerza y calándose de agua la ropa arreglada, llegaron al barco. Ya estaban a salvo.
Tenían que pensar su próxima jugada. Qué le pasaba al motor? Se quedarían sin ir al restaurante porque el dinghy no funcionaba? Había que devolverle el remo a los españoles. Qué podían hacer? El primer paso fue sacar sus propios remos y colocarlos bien dentro de mini Mr. B. El segundo paso era intentar ver qué le pasaba al motor, sin soltar la zodiac del barco. Con lo cual, uno se quedo en el barco y el otro en la zodíaco testando el funcionamiento del motor. Finalmente vieron que el motor funcionaba pero no tenía punto muerto y que además le entraba aire y no tenía potencia. Por lo que la solución era cerrar un botón por donde le entraba el aire y asegurarte estar lejos de obstáculos ya que nada más arrancar la zodiac salía disparada. Al final, uno se fue a devolverle el remo a los españoles y el otro se quedó esperando a que todo fuera bien. Por el camino hubieron unos de Israel que iban de camino al puerto también. Les ofrecieron ayuda y les dieron su número de teléfono. No quisieron la ayuda ya que se veían capaces de salir airosos de esta ellos solitos.
Al final, los salvadores que veis en la imagen, fueron otra segunda pareja que se ofrecieron a ayudarles para llevarles al puerto a cenar. Y así fue. Eran unos suizos muy simpáticos. El motor de su dinghy era eléctrico y no emitía ni un ruido. Igualito que mini Mr. B. Ya sabían que no podía ser de otra forma, tanto big B como mini B, no pasaban desapercibidos allá donde iban.
Por fin llegaron a puerto! ¡Mmmmmm… la cena (casi no cena) merecida les estaba esperando! Pidieron berenjena, anchovies, Tzatziki y un atún poco hecho. ¡Todo delicioso!
La vuelta al barco fue con los mismos salvadores suizos. Todo fue muy bien. Al llegar al barco recordaron lo bien que habían salido de la situación y sólo tenían ganas de que el siguiente día amaneciera para poder probar otra vez a mini Mr. B y conocerse mejor. Fue un día, como todos los anteriores, lleno de anécdotas que contar.






