Tras una larga noche de calor, y una mosquitera bastante inadecuada para las dimensiones del colchón, amaneció a las 7 de la mañana en Corfú. Les esperaba un largo día de camino a Paleros, con parada en Igoumenitsa, donde tenían que conectarse a Internet a las 13:00 (12 hora española) para hacer un examen durante dos horas. Después del examen un transfer les esperaría para coger carretera hacia Paleros. El primer paso era coger el ferrry de Corfú a Igoumenitsa, que salía a las 8 de la mañana. Fue un trayecto que se hizo bastante llevadero ya que las vistas eran muy bonitas (se pueden ver las fotos al final). Cuando llegaron a Igoumenitsa, ya tenían un hotel localizado el cual habían llamado la noche anterior para preguntar si podían usar su wifi durante la mañana. Los griegos no pusieron ningún problema, por lo que se instalaron en el lobby del hotel y el wifi funcionaba perfectamente. ¡Primera prueba superada! El examen fue genial y todo apuntaba a que el viaje iba a comenzar con muy buen pie. A los 10 minutos de terminar el examen, les recogió su taxi. En una hora y media de trayecto hasta Paleros, observaban el paisaje, montañoso y aparentemente sin mucha civilización.
Finalmente llegaron al destino a las 5 de la tarde. Paleros les pareció muy bonito, un pueblo en el que las casitas de piedra y las plantas en las terrazas desprendían un aire muy local y mediterráneo. El taxi les dejó en la misma puerta del hotel, llamado "Azzurro". Era un pequeño edificio de tres plantas. Al llegar, se dispusieron a la planta baja para hacer el check-in, dándose cuenta que estaban entrando en la casa del aparentemente dueño del hotel. Salió un hombre, y sin preguntar ni pedir documentación, nos dirigió a nuestro apartamento que estaba en la segunda planta. Así de rápido y sencillo. Por fin podían dejar las mochilas y deleitarse con una buena ducha. Había un supermercado justo debajo del hotel lo cual fue estupendo ya que tenían que hacer la compra para llevarla al barco. El abecedario griego es un rompecabezas. No entendían ni una letra y realmente no podían leer qué llevaba lo que estaban comprando, no obstante, la compra se realizó con éxito. Tras dejar la compra en el hotel, llegaron a cenar a un restaurante muy pintoresco que tenía muy buenas valoraciones en Trip Advisor. Se llamaba "The Windmill Taverna". ¡MUY RICO! El lugar era idílico. Era un restaurante familiar (como todos los de las islas) que parecía el patio de la casa de la dueña. Fueron los primeros en llegar, a las 7 de la tarde como buenos turistas hambrientos. El patio estaba aún vacío y pudieron percibir que la mujer que salió era la madre de un niño que estaba rondando todavía por el patio de su casa. La dueña fue muy amable y sonriente y nada más llegar les trajo una botella de agua bien fría sin preguntar, una costumbre que tienen los griegos. Les pareció muy auténtico que no había carta, era el menú que la señora había preparado y que dijo que iría sacando poco a poco hasta que le dijeran que estaban llenos. Aún no sabía qué buenos clientes acababan de llegar. La única pregunta que les hizo era si les gustaba el ajo, y cómo no, la respuesta fue afirmativa. Les sacaron de primer plato que constaba de 3 dips, el primero era el típico "Tzatziki", otro de remolacha con nueces y otro puré de patata con ajo. Después salieron unos triangulitos de hojaldre rellenos de queso con miel que estaban deliciosos. Luego trajeron unas gambas con salsa de vino blanco y ajos. De principales una Moussaka y otra carne "stifada" más buena que la del día anterior. Ah, y un vino casero ligerito de cosecha propia. Al pagar, la dueña muy agradecida les dio las gracias por haber probado todo su menú. Después cenar pasearon por el puerto en busca de su embarcación, aún no sabían el nombre y sólo podían adivinar cuál era por las fotos. El paseo por Paleros por la noche fue muy bonito, habían niños jugando al fútbol en la plaza y se respiraba mucha tranquilidad. La presencia de la inmensa montaña detrás del pueblo, creaba un ambiente de grandiosidad y daba mucha seguridad. Tras el paseo nocturno por las pequeñas tavernas del pueblo con parada para comprar crema solar en una mini tienda, regresaron al hotel para descansar. ¡El día siguiente sería el gran día del encuentro con su compañero de viaje!










