Hoy fue de esos días que solo pasan cuando el mar te tiene bien agarrada: desayunamos y comimos a bordo con calma, y luego llegamos otra vez a un destino, haciendo el amarre con el cabo a tierra.
Miguel se quedó al timón y mientras tanto yo me tiré a por las chanclas con el cabo, buscando rocas en el agua como si fueran tesoros. Fue un día tranquilo, y de esos que acaban con una sonrisa enorme.
La última parada del día fue la cena en la taverna junto al mar, en la zona de Agrapidía Beach: platos que daban ganas de brindar —gnocchi con caviar, una carne asada increíble y un postre de chocolate para cerrar—.
Imágenes del día:





