cansados y contentos
Café, lluvia y un tren hacia Kioto
Osaka y Kioto

El matcha de África, el café con leche de Miguel y el pain au chocolat en la segunda parada del día en A.U.N. Coffee.

La bandeja llegando a la mesa con café y dulce en la ruta de specialty coffee.

Dos cafés con leche y un bocado dulce para arrancar la mañana con calma.

La barra del café en pleno trabajo, con toda la liturgia del specialty coffee.

Una taza de filtro servida sola, pequeña y perfecta.

El matcha latte sostenido en la mano justo antes del primer sorbo.

La plancha del okonomiyaki en plena acción, con el local trabajando a buen ritmo.

El cocinero preparando el okonomiyaki delante de todos, con mucha mano y mucha simpatía.

Los okonomiyakis terminándose sobre la plancha, brillando ya con la salsa.

África posando a la entrada de Okonomiyaki Chitose después de acertar con el sitio.

Cruce urbano de Osaka bajo la autopista elevada, con el tráfico detenido por la lluvia.

Otra esquina de Osaka bajo el hormigón y las pantallas, más cruda y más caótica que Tokio.

La cena de anguila ya en Kioto, servida con arroz, sopa y guarniciones.

El cartel iluminado del restaurante de anguila al llegar a cenar.

Mesa de café con cartas y tazas mientras el equipo preparaba las bebidas al fondo.
El 21 de mayo Miguel y África se despertaron más tarde de lo normal, arrastrando el cansancio feliz de los días anteriores, y se regalaron una mañana de café serio en Yard Coffee House, donde tomaron dos lattes y además África compró café en grano para filtro, lo que les valió otra taza de café filtrado, preparada con un cuidado casi ceremonioso por una barista que parecía medir cada gesto. Como el día iba claramente de seguir el tour cafetero, después repitieron en A.U.N. Coffee: África pidió matcha, Miguel otro café con leche y, por supuesto, volvió a caer el pain au chocolat. Más tarde se fueron en metro a un barrio más local para probar el okonomiyaki en Okonomiyaki Chitose, huyendo del circuito más turístico de Dotonbori, y allí se encontraron con un sitio auténtico y con un cocinero simpático que se defendía un poco en español, les habló de su amor por España y hasta les recomendó un bar donde sonaba música española. Como llovía, dedicaron la tarde a compras y paseo por Dotonbori y Shinsaibashi, entre pantallas gigantes, muchísima gente y una Osaka más sucia, más cruda y más alternativa que Tokio, impresionante a su manera aunque bastante menos elegante. Ya al final del día cogieron el tren hacia Kioto, llegaron al Agora Kyoto Karasuma, cenaron anguila sobre las ocho y cuarto en Unagi Sora y cerraron la jornada con una ducha y ese descanso silencioso que solo llega cuando el día ha tenido de todo.